Nuestras Raices
El primer Cursillo de Cristiandad en la Arquidiócesis de San Juan de Puerto Rico se celebró en el Buen Pastor del 2 al 5 de noviembre de 1961. En este mes se celebraron cinco Cursillos en el Convento El Buen Pastor, del 2 al 5 de noviembre de 1961 y en las fechas del 9 al 12 , 17 al 20, 23 al 26 y 28 al 30... El último fue de mujeres, un cursillo impensado, pero fuertemente reclamado por las esposas de los que habían hecho el Cursillo. Aquellos primeros cursillistas pusieron la ilusión, toda la entrega y el espíritu de caridad e hicieron posible que nosotros recibiéramos el don de Dios.
La Casa de Cursillos en Aguas Buenas (1ra parte)
Por Monseñor Jaime Capó Bosch
El mes de noviembre de 1961 había sido apostólicamente fecundo. Además de los cinco cursillos, se había constituido el Secretariado, iniciado la Escuela de dirigentes y se había celebrado la primera Ultreya con la plena asistencia de los que habían hecho cursillos. La misión estaba cumplida y el equipo regresó a Mallorca a sus tareas laborales, profesionales y familiares, suspendidas temporalmente. Yo era parte del equipo. Aunque la comunicación por carta era frecuente y el interés mucho, la eficacia era poca.
La ilusión y entrega de los dirigentes de San Juan hizo que asumieran la responsabilidad del Movimiento. Un Secretariado dinámico se hizo cargo de organizar e impulsar la obra del Movimiento. Compusieron el primer Secretariado los seglares Manuel Machargo, José Suárez, Miguel Esteve, Felipe Puigdorfila, Carlos Matta y Dennis Martínez, y los sacerdotes Padre Damián Carvajal, Padre Agustin O.P. y el Padre Urbano Hernández.
La ilusión, entrega y espíritu de caridad de los primeros cursillistas impactaron la sociedad puertorriqueña de forma tal que no se podían atender las solicitudes por falta de espacio disponible, teniendo que mendigar lugar y tiempo para celebrar los cursillos. Se celebraron Cursillos en el Buen Pastor, en el Colegio de las Madres (Sagrado Corazón), en el Colegio de los Marianistas (Colegio San José) en Río Piedras, en el Colegio de los Angeles Custodios, en Humacao, en Arecibo, en el Campamento El Verde de Río Grande y en Caná de Bayamón, y en ocasiones se celebraron tres cursillos semanales.
La inquietud de los dirigentes se volvía angustiosa al aumentar las solicitudes y reducirse los espacios disponibles. Los dirigentes soñaban en poder tener un local propio para los cursillos. Guillermo Ramis cursillista y empresario no concebía que un producto se produjera en espacios distintos pertenecientes a otras industrias. Fue de viaje a Mallorca con esta inquietud en el alma. Visitó al Padre Capó, a quien no conocía, y, sincerado de su vida, afanes y propósitos, le habló de la voluntad, afán e ilusión de construir una Casa de Cursillos para San Juan. “Habló con tal seguridad, ilusión y factibilidad que no dio lugar a la duda. Conocía el ímpetu de aquellos cursillistas, y no dudé de que al menos lo intentarían”.
Además, los dirigentes de Puerto Rico eran conscientes que la sola voluntad no era suficiente. Reclamaban conocer a fondo la mentalidad del Movimiento, la técnica, el contenido de los rollos y su proyección apostólica, como la personalidad del seglar en la Iglesia. Su requerimiento me parecía justo; y decidí dedicar unos seis meses al Movimiento de Cursillos de Puerto Rico. Regresé en junio de 1962. Sabía que al aceptar la tarea, más allá de reorganizar el Movimiento, tendría que unir mi esfuerzo a la ilusión de construir la Casa de Cursillos de San Juan.
La tarea de construir la Casa de Cursillos de Cristiandad suponía una ardua planificación. El esquema de trabajo requería: 1º la complacencia del Arzobispo, Monseñor Davis; 2º donde ubicar la Casa y 3º ilusionar a los cursillistas.
El primer paso parecía fácil. El Obispo vio muy complacido el propósito de los laicos y estimuló la realización de la obra. Seguramente dudaba que con tan pocos cursillos realizados se pudiera hacer. Fue claro (y providencial) al decirme que los seglares asumieran la responsabilidad, no implicaran al Arzobispado con avales, que construyeran, administraran y poseyeran. Esta actitud fue del agrado de los laicos quienes constituyeron una corporación civil. La obra tenía las garantías del derecho canónico y de la ley civil.
El segundo paso parecía más complicado: encontrar donde ubicar la Casa. La Dra. Carmencita Suárez sugirió que su padre pudiera regalar el terreno, situado en el Barrio Sonadora de Aguas Buenas. El paso más difícil era “enfrentarse” a Don Kico Castro, cuyas otras hijas también habían hecho cursillos. Don Kico no era fácil y religiosamente más que indiferente, pero quería mucho a sus hijas.

1962 - Padre Capó con Don Kico Castro y Guillermo Ramis recorriendo la finca para ver donde ubicar la Casa
La entrevista fue cordial. Estaba sentado en la puerta de su casa. Fuimos recibidos con toda cortesía. Fui presentado como sacerdote. Don Kico, ni corto ni perezoso, marcó el campo de juego. Me dijo: ‘Sepa Ud. que todos los curas con quienes yo he tratado son unos sinvergüenzas’. Estaba sobre aviso. La respuesta fue espontánea é inmediata: ´Y eso que Ud. no ha tratado con tantos como yo he tratado´.
Desde aquel momento todo fue fácil. El mismo nos condujo a posibles emplazamientos. Don Kico no puso condición alguna ni reparo a nuestra selección y elección del terreno. No había carretera, ni luz, ni agua, ni teléfono. Los dirigentes no se intimidaron. Habíamos empezado a caminar.
El tercer paso fue la activación práctica de los cursillistas. Hacía algo más que palabras y suspiros. Ico Montilla, arquitecto, pergeñó un esbozo de lo que parecía pudiera ser la Casa. Ya era algo real. En una asamblea en el Colegio de las madres se comunicó el propósito y se expuso el “esbozo” como un anteproyecto. Presidían la asamblea de cientos de cursillistas (no había muchos más): Monseñor Juan de Dios López de Victoria, Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de San Juan, Carlos Matta, Miguel Esteve, Baltasar Corrada del Río, Manuel Machargo, Mieres Calimano, el Padre Urbano Hernández, el Padre Jaime Capó, Padre Agustín O.P., Padre Damián Carvajal, José Franceschini, José Suárez, y Dennis Martínez.
Y SE EMPEZÓ, LA OBRA ESTABA EN MARCHA… las máquinas excavadoras de la familia Machargo empezaron a abrir surcos en aquella loma. Entre los hermanos Machargo hay que destacar la disponibilidad y entrega de “Falluco”. Era a fines de 1962...

1962 - Movimiento de tierra para la casa en Aguas Buenas con equipos de los hermanos Machargo